Los diferentes rostros de blockchain, parte 1

Disyuntiva entre su ideología y una clasificación que trasciende sus atributos

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El término «blockchain» ha salido del complejo dominio del mundo informático para formar parte de la opinión pública desde hace un par de años. Si bien es cierto que sigue siendo un término desconocido por muchos, se espera que su presencia invada los diferentes ámbitos del quehacer humano en el futuro próximo.

Esta tecnología ya se encuentra trabajando en muchas aplicaciones que van más allá del dinero: logística, bienes raíces, agricultura, minería, gobernanza, salud, creación de contenidos y más. Para estas implementaciones, existen varios tipos de cadenas de bloques que exploraremos en este artículo.

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Esta innovadora tecnología ha despertado acalorados debates entre sus defensores y detractores. Los primeros afirman que es uno de los inventos más importantes del siglo XXI y que tiene tanta o mayor importancia que el mismo Internet, que la robótica y la inteligencia artificial. Los segundos, simplemente se han limitado a decir que es una tendencia pasajera y no debe ser tomada en serio. Luego de un par de años, seguramente, conoceremos quiénes han tenido la razón.

En el paradigma centralizado (cliente–servidor, en términos informáticos), que prevalece en la gran mayoría de las instituciones humanas, se asume que el orden y el caos están separados por una delgada línea en la que la autoridad ejerce el monopolio de la violencia.

En realidad, no se trata de una línea sino más bien de un plano cartesiano: lo contrario de la autoridad es la autonomía. La cadena de bloques es un sistema que sustituye a la autoridad por la autonomía.

Somos testigos constantes de la destrucción de muchas sociedades que creen en la falacia del caos sin autoridad. Cuando el orden disminuye, los ciudadanos piden más autoridad, produciéndose un efecto contrario al deseado: mientras más autoridad, menos orden social.

Dicho de otro modo, mientras más crece un sistema centralizado, se vuelve más corrupto. Solamente veamos lo que ocurre en la Venezuela chavista.

La cadena de bloques nos permite cambiar el modelo del orden social basado en la autoridad por otro de sistemas informáticos que emplean la autonomía para crear orden sin la necesidad de la autoridad. Este fenómeno empezó a divisarse a partir del surgimiento del Internet que democratizó las comunicaciones, poniéndolas al alcance de todos. Por esta razón, muchos regímenes enemigos de la libertad lo han censurado para que no salgan a la luz sus secretos, mentiras y abusos.

Blockchain ha creado un sistema «redcéntrico» —término acuñado por el gurú de Bitcoin, Andreas Antonopoulos—, en reemplazo de los sistemas centralizados y jerárquicos predominantes en los que el poder decide qué se dice, qué se oculta y qué se borra o adultera.

Los diferentes rostros de blockchain

Luego de una necesaria introducción a la ideología detrás de blockchain, recordemos qué es la cadena de bloques con una breve definición: base de datos distribuida que utiliza técnicas criptográficas para lograr consenso entre sus participantes.

Mira también: ¿Qué es la tecnología blockchain?

A continuación, nos adentraremos a la explicación de los siguientes tipos de cadena de bloques:

  1. Cadenas de bloques abiertas o públicas de criptomonedas
  2. Cadenas de bloques sin criptomonedas
  3. Cadenas de bloques laterales, secundarias o hijas
  4. Cadenas de bloques cerradas o privadas
Cadenas de bloques abiertas de criptomonedas

La primera aplicación de una cadena de bloques pública fue precisamente Bitcoin. Podemos decir que este es el tipo de blockchain más común, probado y exitoso.

Las criptomonedas utilizan la cadena de bloques para crear un sistema monetario distribuido mediante la construcción de un consenso acerca de las transacciones pasadas que se registran en un libro contable compartido entre los participantes de la red.

Este sistema, a través de un algoritmo de consenso como PoW, por ejemplo, regula la distribución de las unidades monetarias y procesa las transacciones de forma distribuida, sin la participación de un intermediario de confianza.

Existe dos propiedades importantes que definen a este tipo de cadenas de bloques:

  1. Apertura: el software que gobierna estas cadenas de bloques es de código abierto. Cualquier persona puede descargarlo y participar libremente en la red, no es necesario contar con el permiso de una autoridad central.
  2. Transparencia: el libro contable que registra las transacciones pasadas es público. Sus registros o asientos pueden ser vistos por cualquier persona a través de un explorador de bloques. Lo que ocurre en una cadena de bloques es público, no existe privacidad.

Bitcoin demostró que es posible eliminar a los intermediarios de confianza en un sistema monetario al sustituir la confianza, otorgada por personas o instituciones, con un protocolo regido por unas reglas de consenso que funciona sin una autoridad central.

En la segunda parte de esta publicación, conversaremos sobre las cadenas de bloques sin criptomonedas y las cadenas de bloques laterales, secundarias o hijas.

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