Economía de código abierto, parte II

Escrito por Héctor Sarquis Boutros

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El autor es estudiante avanzado de Ingeniería en Sistemas de Información en la Universidad Tecnológica Nacional de Argentina y aficionado de la tecnología blockchain y la criptoeconomía. La sección anterior de este ensayo menciona lo que motiva al surgimiento de bitcoin y una breve explicación de la criptoeconomía. Con una capitalización de mercado total mayor a 230 mil millones de dólares, el mercado de criptomonedas cuenta con 1.900 divisas reconocidas por CoinMarketCap hasta la fecha de publicación de este artículo. Las divisas se dividen entre monedas y tokens. Sin querer entrar en detalles técnicos de esta diferenciación, cabe aclarar dos cosas: 1) en ambos casos, se cotizan en los mercados —hay oferta y demanda—, y 2) las monedas no solo tienen un valor de mercado, sino que poseen características que las hacen a algunas más aptas para ciertas operaciones que otras. A continuación detallo la caracteríctica principal de las cinco criptomonedas principales, de acuerdo a su capitalización de mercado:
  1. Bitcoin: principalmente utilizada para inversión o almacenamiento de valor. Es considerada la “reserva de oro” en el mercado, habiendo sido la primera en este ecosistema.
  2. Ether: su cadena de bloques, Ethereum, es la primera plataforma destinada a la elaboración de contratos inteligentes y al desarrollo de aplicaciones descentralizadas (dApps). Los contratos inteligentes pueden acordar cualquier tipo de transacción de la moneda nativa y se ejecutan automáticamente si se cumplen una serie de condiciones preestablecidas en la programación de los mismos.
  3. Ripple: Es una moneda con buenas prestaciones para micropagos —éstos exigen bajas comisiones y altas velocidades de transacción para ser prácticos en la vida cotidiana—. Fue creado por los bancos —sí, ingresaron al ecosistema de todas formas— y su emisión está controlada por los mismos. De igual forma, sus usuarios objetivo son las instituciones financieras.
  4. Bitcoin Cash: Es una bifurcación dura de bitcoin. Se distinguen en cuestiones técnicas que derivan en diferencias filosóficas de funcionamiento.
  5. EOS: Es una plataforma creada para desarrollar dApps, que surge como una competencia y versión mejorada de Ethereum. Su valor está basado en lo prometedor de su protocolo.
A diferencia del dinero fiduciario que se distinguen por emisor central —dólar, euro, libra, etc.— y, salvo el dólar estadounidense, su uso se limita por zonas geográficas, las criptodivisas se diferencian por los aspectos técnicos y servicios que pueden dar. La diferencia es clave, puesto que los servicios mejor valorados en el mercado y los más adecuados mecanismos que operan detrás de las criptomonedas determinan, en gran medida, el éxito y expansión de las mismas. Es decir, no solo están reguladas institucionalmente sino también por el mercado en sí, una creciente comunidad de personas que compran y venden. El acceso a este mercado es muy sencillo, solamente requiere de un dispositivo inteligente y no hay costo mínimo de ingreso —salvo lo que cueste una moneda—. Una vez que los usuarios descargan una billetera no custodial de cualquier tipo, son dueños absolutos de las mismas y de las llaves privadas que les permiten acceder a su dinero. También pueden intercambiar criptomonedas libremente mediante exchanges o ¡directamente entre los participantes del ecosistema! Estamos hablando de un verdadero empoderamiento financiero y, consecuentemente, el principio de una revolución financiera. Evidentemente, esto tiene impacto directo sobre la hegemonía de los gobiernos y otras instituciones dominantes. Ya no son los únicos que regulan el mercado y ya no deciden sobre dinero que no es suyo. Luego de la quiebra de Lehman Brothers en el 2008, el gobierno de Estados Unidos emitió un salvataje bancario para frenar la caída de los bancos. En otras palabras, tomó el dinero de los contribuyentes estadounidenses y les prestó a los bancos para evitar un efecto dominó. El dinero recaudado de los ciudadanos —que supuestamente se utiliza para otorgar mayor bienestar a los ciudadanos— fue utilizado para sacar de apuros a un sistema corrupto o, cuando menos poco eficiente, sin tomar en cuenta la voluntad de la población. Como se expuso antes, Nakamoto lanzó bitcoin como un sistema de pago o intercambio alternativo que no permita a entidades centrales disponer de esta manera de los activos ajenos. Evidentemente, bitcoin y las demás criptomonedas resultan una amenaza para los gobiernos y bancos. Por lo tanto, han tomado distintas posturas: desde dar rienda suelta a la criptoeconomía — Alemania, Suiza, Australia y algunos países nórdicos— hasta prohibir totalmente su circulación o hacer propaganda contra ellas —India, Polonia y algunos países africanos—. Países como Rusia, China y Estados Unidos —principales referentes geopolíticos, así como de conocimiento técnico y marco regulatorio— han tomado una postura más precavida, pero sin querer perder oportunidades. Estados Unidos, por ejemplo, ha emitido lineamientos más severos en cuanto a las criptomonedas como valores de inversión con el fin de reducir riesgos. Sin embargo, algunos estados de este país, como Wyoming, han abierto las puertas a las iniciativas relacionadas a blockchain y la criptoeconomía. Sudamérica ya ha tenido su primer enfrentamiento legal entre las casas de cambio de criptomonedas y los bancos. En marzo de 2018, los principales bancos de Chile —BancoEstado, Itaú, Santander, Bci, Banco de Chile, Scotiabank, Bice y BBVA— cerraron las cuentas de las exchanges chilenas Cryptomarket, Buda y Orionx. La razón que alegaron para esta decisión es la falta de un marco regulatorio para las criptomonedas​. No obstante, el tribunal encargado de la disputa dictaminó recientemente que los bancos otorguen indemnización a los intercambios. Además, Bolivia ha prohibido completamente el uso de criptomonedas en el país y Ecuador no permite utilizar criptomonedas como medio de pago por servicios o bienes. Muchos argumentos en contra de las criptomonedas se fundamentan en la creencia errónea de que todas las monedas digitales hacen parte de estafas y esquemas piramidales que buscan captar la inversión de personas interesadas para luego desaparecer con los fondos sin responder a los clientes. Si bien existen casos de fraude y riesgos de inversión, como en cualquier otro ámbito de la economía, la misma creencia demuestra que los reguladores, los bancos y demás entidades financieras intermediarias temen las consecuencias de una implementación generalizada de la criptoeconomía. Asimismo, se evidencia que el conocimiento de la mayoría de la población sobre las criptodivisas es escaso y, por ende, es fácil difundir engaños y temor sobre éstas.

Una razón clave por la que nuestras herramientas de regulación están creciendo de manera inútil es que no hemos dedicado la misma financiación, energía o tiempo para actualizar la forma en la que desarrollamos la regulación, como en la que desarrollamos nuevas tecnologías. Continuamos confiando en herramientas inventadas para administrar las economías y las sociedades de los siglos XIX y XX, herramientas que están muy fuera de sintonía con el siglo XXI.

Entonces, ¿cómo construimos los sistemas que necesitamos para enfrentar y regular los nuevos desafíos económicos y sociales que enfrentamos? La clave es aprovechar la misma creatividad e inspiración que construyeron Facebook y otros gigantes tecnológicos para construir los sistemas regulatorios de la era digital, premiando a los innovadores con y sin fines de lucro que pueden proponer mejores herramientas regulatorias.

Yo llamo a esto la “superregulación”. Es “súper” porque saca a los gobiernos del negocio de legislar los detalles a nivel del suelo y les permiten entrar al negocio de asegurarse de que un nuevo mercado competitivo de reguladores privados opere en el interés público.

Academia Blockchain, traducción de Quartz

Uno de los puntos de discusión actuales es si el ecosistema blockchain puede reemplazar completamente al sistema económico-financiero vigente. Las conclusiones se han tornado negativas para blockchain debido a los problemas de escalabilidad e incluso seguridad que han ocurrido últimamente. Sin embargo, hay algo que se debe tomar en cuenta: ¡el ecosistema blockchain tiene menos de 10 años! En tan poco tiempo, el sistema de cadenas de bloques se ha equivocado y corregido constantemente. La toma de decisiones por parte de la comunidad tiene una dinámica muy distinta a la que tienen los gobiernos y los bancos, siendo mucho más rápida, abierta a discusión y a la auditoría por parte de la comunidad. Es posible que la aparición de blockchain no signifique la desaparición de bancos o instituciones estatales, pero sí propone una transformación en las dinámicas y un nuevo equilibrio entre la centralización y la libertad individual. La fuerza de la comunidad que está promovida por ideales de la libertad —no solo financiera, sino también la libertad en su sentido más amplio y que a través de la transparencia ha podido hacerse notar— marca el paso de algunas economías en la que antes la inclusión financiera generalizada ni siquiera hubiera tenido lugar. Ese es el motor que debería tener la economía: premiar al que hace, al que aporta al bien común, y dejar que la comunidad decida qué es lo que debería tener valor y que no a través de una participación directa. Esto último va a obligar a las instituciones dominantes actualmente a realizar bien su trabajo, a dar explicaciones y tener que convencer a los contribuyentes —prestamistas de pequeños montos— de que su dinero ha tenido un buen destino. Nota del editor: Este ensayo es una contribución de un seguidor de Academia Blockchain. Si bien se ha realizado una edición al texto, Academia Blockchain no se responzabiliza del contenido y las opiniones emitidas en el mismo.

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