Economía de código abierto, parte I

Escrito por Héctor Sarquis Boutros

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El autor es estudiante avanzado de Ingeniería en Sistemas de Información en la Universidad Tecnológica Nacional de Argentina y aficionado de la tecnología blockchain y la criptoeconomía. La crisis financiera del 2008: historia conocida… ¿otro ciclo?

Tras el anuncio de Bush, la Reserva Federal redujo rápidamente las tasas de interés: de 6% a solo 1% en unos cuantos meses. El dinero estaba tan barato que los 8.000 bancos y agentes hipotecarios iniciaron una agresiva expansión del crédito hipotecario.

Este crecimiento de créditos alcanzó a personas a quienes realmente no debió alcanzar: la clase desfavorecida, sin ingresos, activos ni empleo. Este tipo de hipotecas fue bautizada como “hipotecas subprime”, que en realidad eran solo activos tóxicos, con alta probabilidad de no pago.

La burbuja hipotecaria estalló y, con ella, los precios de los activos se desplomaron. Al ver esto, las familias que estaban endeudadas optaron por devolver la casa al banco, pues les era mucho más barato hacer eso que seguir pagando un préstamo de US$ 300,000, por una casa que ahora valía US$ 50,000.

Cuando una deuda no es pagada se conoce como default. Las familias incurrieron en default y ocasionaron grandes pérdidas a los bancos. A su vez, esta situación generó naturalmente un colapso en los portafolios de los bancos de inversión a nivel mundial, debido a que estaban plagados de las hipotecas tóxicas subprime.

A raíz de todo este proceso, el lunes 15 de septiembre del 2008 fue que Lehman Brothers se declaró en quiebra, fuertemente golpeado por las pérdidas de los activos tóxicos. El pánico fue generado por el colapso de una entidad considerada demasiado grande para caer.

Redacción Gestión

Existen varios factores determinantes en la causa de este colapso financiero: las falencias regulatorias —responsabilidad del gobierno que los responsables de la investigación le otorgan a la Reserva Federal en ese entonces presidida por Alan Greenspan—, la cultura del exceso de riesgo que imperaba en las firmas de Wall Street y la incompetencia —corrupción para algunos— de las agencias de clasificación crediticia o de rating. En otras palabras, fallaron todos los elementos de la cadena del circuito financiero —un gobierno que no reguló, una calificadora que no lo hizo adecuadamente, corredores que optaron por un altísimo riesgo y acreedores de deudas que no eran capaces de hacerle frente desde el inicio—. La principal tarea del gobierno, según el capitalismo, es controlar las fallas del mercado. Además, debe fomentar la competencia privada y evitar que el sistema derive en situaciones de abuso. Ya debe entender, después de esta descripción, que la teoría no condice con lo ocurrido. Además, lastimosamente, quienes pagaron los platos rotos en este acontecimiento fueron las personas que no participan en este circuito directamente. El gobierno y las compañías muy grandes para caer salieron relativamente bien paradas, mientras que muchos de los individuos perdieron sus empleos y sus ahorros. Entonces, ¿quién regula a los que regulan? ¿Qué garantías hay de que no vuelva a pasar? ¿Es un ciclo y cómo se sale de éste? Basta con repasar la historia en el último siglo para reconocer otras crisis: 1929: Crack de Wall Street y Gran Depresión 1971: Fin del sistema de patrón oro 1987: Lunes Negro. 2007 – 2010: Gran Recesión 2009 – 2010: Crisis de la deuda en Europa Motivado por salir de este ciclo de crisis, Satoshi Nakamoto —pseudónimo del creador o grupo de creadores de bitcoin— pensó en reestructurar el sistema económico. Su propuesta busca posicionar al individuo como protagonista del sistema y ya no el gobierno. Por lo tanto, Nakamoto en su modelo planteó un mecanismo innovador que otorga valor al dinero, que valida una moneda y que genera incentivos a los participantes del mercado para que operen de buena fe. Así nació la economía de criptodivisas con su precursor, bitcoin. Bitcoin es una moneda digital que se diferencia del resto de monedas por ser descentralzada, nadie la controla. Bitcoin no tiene un emisor central —como es el caso de los dólares o los euros—; en su lugar, la criptomoneda es minada por una red de nodos o personas que destinan potencia computacional para resolver algoritmos criptográficos. Por su diseño de funcionamiento, bitcoin es altamente resistente a la falsificación o duplicación del dinero. Como no hay intermediarios, el sistema también es altamente resistente a la censura. No puede ser intervenido, a menos que se de un ataque del 51% de la red, y las cuentas no pueden ser congeladas. El registro de sus transferencias es inmutable y, al ser digital, es un medio de pago o transferencia ágil entre distintas partes del mundo. Bien y ¿entonces?… la revolución. Quienes están inmersos en un circuito económico de consumo no están conscientes de cuál es el grado de libertad que tiene su dinero, de cuánta independencia financiera tienen en realidad. Por supuesto, han nacido y han crecido en un ecosistema donde las entidades bancarias y gubernamentales son los mandamás. Su posición prácticamente no puede discutirse, ¡a pesar de haber sido el epicentro de varias crisis! Reflexionemos quiénes están detrás de la inflación e hiperinflación, de las restricciones a la disposición del dinero en efectivo depositado en un banco —alias corralito— o de las restricciones al intercambio de divisas —cepo cambiario—. Sí, justamente los bancos y los gobiernos que gozan de poca o nula supervisión. La segunda sección de este ensayo aborda la expansión de la criptoeconomía y las diversas soluciones que ésta ofrece y amenazan al sistema financiero tradicional. Nota del editor: Este ensayo es una contribución de un seguidor de Academia Blockchain. Si bien se ha realizado una edición al texto, Academia Blockchain no se responzabiliza del contenido y las opiniones emitidas en el mismo.

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