¿Cómo blockchain reducirá el alcance del gobierno?

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Un principio clave de la política económica dominante en el mundo post-soviético es que los mercados proveen bienes y servicios de manera más eficiente que el gobierno, excepto en algunos casos. Los llamados bienes públicos son el último bastión para aquellos que quieren mantener una parte de la economía bajo el control del gobierno. Por décadas, los economistas pro libre mercado han señalado a instancias históricas de provisión privada como ejemplo y han ofrecido modelos teóricos a ser implementados. Sin embargo, barreras politicas o tecnológicas no han facultado que todos los sectores operen desde el sector privado. Pero, un día, surgió bitcoin. Era la primera vez que se hacía realidad el dinero digital privado, un sueño añorado por el movimiento cypherpunk desde los inicios del internet. Millones de personas alrededor del mundo se han unido a la comunidad de criptomonedas desde entonces. Lo que hizo que bitcoin sea exitoso, en comparación a sus antecesores, fue blockchain. Esta tecnología era la pieza faltante que introdujo Satoshi Nakamoto en 2009 para resolver el rompecabezas de la confianza que implican las redes abiertas y descentralizadas. Las cadenas de bloques combinan redes de pares (p2p), llaves privadas de criptografía y protocolos comunes para crear libros maestros distribuidos extremadamente resistentes a la modificación de datos. Al poco tiempo, varios emprendedores se dieron cuenta de que se podía aplicar esta tecnología en ámbitos distintos al dinero, donde una entidad central concentra la confianza y el riesgo: contratos, notarías, registros de tierras y títulos —servicios que generalmente están asociados al gobierno—.   Esto significa que, cuanto más viables sean estas alternativas, los intermediarios dejarán de ser necesarios. Tal como Uber y Airbnb revolucionaron el transporte y el hospedaje, dejando atrás a los taxis y los hoteles, las soluciones basadas en blockchain tienen el potencial para destronar a varios servicios gubernamentales, cuyos modelos están obsoletos. El artículo académico, The Blockchain and Increasing Cooperative Efficacy (Blockchain y la creciente eficacia cooperativa) —escrito por Malavika Nair and Daniel Sutter y publicado en el Independent Review—, examina el potencial de ésta tecnología en el futuro. Los autores argumentan que las aplicaciones de blockchain pueden reducir el alcance del gobierno mediante tres “mecanismos de confianza” que facilitan la acción colectiva voluntaria. Primero, la información de la red es pública, por lo que es verificable y transparente. Segundo, debido a su naturaleza descentralizada, tiene pocas barreras de entrada que permiten la existencia del tercer mecanismo: el código y el proceso de toma de decisiones abiertos característicos de blockchain. Por lo tanto, las cadenas de bloques permiten que se generen interacciones confiables sin la intervención de una tercera parte que resguarde activos o facilite la comunicación, el rol usual de los funcionarios de gobierno. Los autores reconocen que estas innovaciones no van a reducir el alcance de los Estados inmediatamente, porque quienes se benefician de sus monopolios y privilegios legales tratarán de bloquear estos esfuerzos. Sin embargo, mientras las nuevas propuestas inspiren más confianza, las personas preferirán utilizar plataformas seguras, abiertas y transparentes antes que seguir aferrados a molestosos trámites burocráticos, funcionarios desconfiables y servicios públicos deficientes. Nair y Sutter analizan alternativas voluntarias a la regulación y la provición de bienes públicos en siete ámbitos: moneda digital, cumplimiento de contratos, automatización de contratos, regulación a corporaciones, sistema de seguros, resolución de conflictos y registro de títulos de propiedad. En todos ellos, las aplicaciones basadas en blockchain ofrecen automatización, mayor protección y confianza y costos bajos. También otorgan mayor capacidad de toma de decisión a los usuarios de servicios alternos a los ofrecidos por el Estado. A pesar de que blockchain no está exento a riesgos, su diseño hace que sea una tecnología muy resiliente. Por ejemplo, las pocas barreras de entrada para minar bitcoin protegen en gran medida de que un individuo o una organización pueda llegar a tener el 51% de poder o control de la plataforma de bitcoin. Aún es técnicamente posible que una coalición de mineros pueda generar un ataque del 51%, pero ni duraría mucho ni alteraría la información encriptada. Otro posible problema es que coaliciones mineras más pequeñas ejecuten “prácticas predatorias contra ciertos usuarios”. No obstante, sus prácticas serían contraproducentes con sus propios intereses, debido a que debilitan la confianza y la credibilidad del sistema de libros maestros y perjudican su desarrollo. Tal como la tecnología disruptiva, las cadenas de bloques desafían nuestro entendimiento sobre muchos aspectos de cómo funciona la sociedad hoy en día, pero ellos son la respuesta a necesidades no satisfechas. Bitcoin, por ejemplo, emergió como una alternativa para las monedas respaldadas por el gobierno que son vulnerables a la devaluación y a la manipulación política —sin mencionar su ventaja más evidente, transacciones globales a bajo costo—. Si bien es cierto que los gobiernos pueden implementar cadenas de bloques en su gestión y mejorar con ellas sus servicios, los actores privados que participen con ofertas similares en el mercado generarán competencia por su nivel de eficiencia. Estos servicios solo son el inicio. Los emprendedores continúan ansiosos por descubrir otros mecanismos para ofrecer y eventualmente reemplazar varias funciones del gobierno. La genialidad de blockchain ya salió de la botella y ningún gobierno, a menos que quiera deshabilitar toda la red, puede ponerla dentro de nuevo. La versión en inglés fue publicada en AIER.

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