Criptomonedas y su valor: la libertad

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Así como el amor, la libertad –a pesar de tener diferentes contextos y aplicaciones de acuerdo a la necesidad y entorno en que se involucra– es única.

Tomando en cuenta lo anterior, ¿será posible hablar de libertad y de monedas digitales en un mismo párrafo?

La respuesta es sí, especialmente cuando dejamos de lado aspectos netamente económicos, como el precio, y abordamos a las criptomonedas desde un concepto más amplio, el valor. Es precisamente desde este enfoque que apreciamos al nuevo sistema monetario descentralizado como una alternativa libre, que brinda autonomía y oportunidades económicas.

Las criptomonedas impulsan un ecosistema en el que los negocios pueden interactuar con sus clientes sin importar las fronteras y aceptar pagos ágiles por internet. La tecnología que respalda a las criptomonedas –las cadenas de bloques– brinda confianza a los usuarios y, por ende, los negocios que han acogido este sistema de pago se desarrollan en un ambiente de mayor libertad financiera.

Lo mismo ocurre con respecto a los individuos, quienes no solo acuden a las criptomonedas por ser un modo de pago innovador sino porque puede ser una alternativa más efectiva y segura que el dinero fiduciario. La gran acogida de las criptomonedas en Venezuela es un ejemplo, pues resultan ser un refugio financiero ante la amenaza de un gobierno autoritario que cada vez tiene mayor autoridad sobre las vidas y el dinero de sus ciudadanos, ya sea por los impuestos, las regulaciones o la hiperinflación.
El valor real generado por las divisas digitales, por lo tanto, no se cuantifica o mide en euros, dólares o libras esterlinas, sino en cuánta libertad global financiera y congruencia económica nos proveen.

¿Es viable que el sistema monetario digital se mantenga libre?

En una sociedad con entornos altamente digitalizados y orientada a la simplificación de los procesos y la descentralización, tarde o temprano, la tecnología alcanzará todos los frentes. Por lo tanto, los usuarios tendrán la posibilidad de mantener una vida (e incluso su identidad) anónima, libre y conectada.

Los entornos digitales tradicionales ya nos ofrecen actualización constante y accesibilidad. Por ejemplo, la gran mayoría de redes sociales están al alcance de todo aquel que tenga un dispositivo con conexión a internet. Los sistemas digitales, además, facilitan los procesos mediante algoritmos precisos, como en el caso del mercadeo que adquiere información de los gustos y estilo de vida de los usuarios de una red para llegar al segmento poblacional adecuado.

El modelo financiero que propone la tecnología blockchain va un paso más allá: basta con tener conexión y criptomonedas y ¡voilá!

Si bien los bancos ya utilizan medios digitales dentro del sistema tradicional financiero, como las bancas en línea y las aplicaciones móviles, aún existen barreras para que todos puedan acceder a estos servicios. En cambio, casi cualquier persona puede ser parte de la comunidad de criptomonedas: no es necesario presentar una serie de documentos en una entidad bancaria para abrir una cuenta –que implica traslado, cumplir con determinados requisitos económicos y entregar información personal a terceros.

Estos últimos aspectos, junto con el acceso a información adecuada, son claves para la inclusión financiera.

Las criptomonedas también facilitan el acceso a crédito mediante redes de pares (P2P), en donde prima la confianza y la reputación de los usuarios. Es importante recalcar que, en este caso, los solicitantes de crédito aún tendrán que proveer su información para generar confianza en los inversores. Sin embargo, son los inversores quienes califican la causa de los solicitantes y no los bancos, por lo que es posible que más proyectos y emprendimientos tengan la posibilidad de ser financiados.

Por lo tanto, las criptomonedas son una alternativa viable para que más y más personas accedan al mundo financiero. Además, se están posicionando dentro de un nuevo sistema financiero más eficiente y libre que no solo elimina intermediarios del sector privado, sino que desafía al rol regulatorio de los gobiernos que muchas veces entorpece más los procesos.

El éxito de este sistema de intercambio monetario radica en el interés de los usuarios en un sistema monetario que no necesita reconocimiento estatal o privado, pues ellos son los dueños de sus transacciones y de su dinero.

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